El pesimista

El pesimista

Vengo observando que la individualidad es casi imposible. De repente te puede parar en la calle uno que te confunde con otro que se parece a ti; a mí me ha pasado varias veces. Siempre he querido probar la suerte y seguir “la jugada”, pero no lo he hecho y a lo mejor he perdido algo de interés. Sí. No hay vidas anodinas, aunque a veces puede parecer que a fulano o sótano no le puede pasar de nada.
¿Habrá copias de uno? Avatares que nos representan en actitudes opuestas. Optimistas o pesimistas depende del día o de la circunstancia.
El caso es que para la actitud sí que encuentras a tipos que se parecen mucho en su forma de entender la vida.
Tenemos el caso del pesimista.
Dentro de la Psicología pura y más en concreto de la Psiquiatría, el pesimismo y la tristeza que le está aparejada son algunas de las manifestaciones o síntomas más habituales de la enfermedad de la depresión exógena o endógena.
He encontrado personas que son capaces, ante un fenómeno cualquiera de la Naturaleza mantener opiniones opuestas y defenderlas con convicción sin ser, por ejemplo, ninguno experto en meteorología. Son cosas que para mí tiene que ver con el alma o con la actitud ante la vida.
Sin embargo, como sociedad España no va bien.
Los datos que se manejan en torno al consumo de tranquilizantes nos sitúan en el primer lugar del mundo y ahí tenemos una medalla de oro.
Así que salgo a la calle a intentar conversar con alguien, lo que se dice “pegar la hebra”; lo consigo gracias a mi condición profesional.
Le pregunto a una pareja de mediana edad.
Él se muestra reticente, pero al explicar la razón de mi “intromisión” noto que se abren al dialogo (por cierto, y teniendo en cuenta lo que el otro día escribía mi amigo Rafa Mari acerca de la distorsión del lenguaje parece que entre los jóvenes el vocablo “abrir” se puede interpretar como marcharse, irse de la reunión donde estuvieran de modo que dicen “me abro”. No pasa nada porque al abrirse no se autolesionan o lesionan a otro. Es que se van.

Mis interlocutores se abren al dialogo y a la pregunta mía de: ¿son ustedes felices? Se me quedan mirando, calibrando y ella más decidida contesta:
No siempre- lo que parece asombrar a su pareja que la mira expectante.
¿Por qué? -insisto.
Todas las noticias que recibo son de catástrofes. Economía, sanidad y menos mal que todavía no tenemos niños. Él no quiere le señala. En vista que ha sido señalado se abre al dialogo.
Mire usted- todavía hay alguien que utiliza el usted asombrosamente—no quiero tener hijos porque el presente se presenta mal y el futuro peor. Yo mismo estoy pendiente de un análisis del sueño y así llevo meses y del traumatólogo ni le comento; con un dolor en la pierna que se va y vuelve intermitentemente y aquí estoy. ¡Como para tener hijos! ¡Y el alquiler, que me dice usted del alquiler!
En eso ella interviene sonriendo. ¿Alquiler? Sí vivimos en una casa de mis padres.
Sí. Eso es ahora pero cuando ellos no estén.
Siempre estás con lo mismo. Parece como si acelerases su muerte. Tienen mucha vida por delante. A ti lo que te pasa es que eres un cenizo y solo con ver una nubecilla crees que la tormenta está al caer.
Ya- se defiende él. ¿Qué me dices de esa niña muerta por el granizo en un pueblo de Cataluña?
Ya empezamos- ella se va creciendo y sube ligeramente el tono.
Noto que en la pareja hay una mujer positiva y un hombre que solo encuentra problemas, aunque él no los padezca y noto que están a punto de enzarzarse y decido “abrirme” no sin antes dejar la idea de la necesidad para el ser humano de vivir un poco el día a día y sugerirles que hay acontecimientos que están fuera de nuestro alcance pese a que pongamos todo el interés del mundo. Les pongo como ejemplo la disminución de la capa de hielo en el Ártico. ¿Podemos hacer algo nosotros, meros ciudadanos a pie para evitar el calentamiento?

¿Y usted es optimista o pesimista? Hágaselo ver.

Carlos Pajuelo de Arcos

Periodista y escritor. Profesor Emérito de Universidad

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