Emociones y salud

Emociones y salud

Cuerpo y mente están más conectados de lo que pensamos

En el ser humano confluyen cuerpo y mente de una manera mucho más conectada de lo que en principio nos podría parecer, formando el sistema psicosomático, que se origina en la psiquis pero se manifiesta a nivel corporal y que ha dado lugar a la, cada vez más conocida, medicina psicosomática y como consecuencia al análisis de las enfermedades psicosomáticas (colitis, psoriasis, síndrome de fatiga crónica o fibromialgia).

Las emociones son procesos psicológicos básicos que experimentamos las personas, procesos complejos que implican una serie de factores desencadenantes (estímulos relevantes para los sujetos), la existencia de experiencias subjetivas o sentimientos (interpretación subjetiva), diversos niveles de procesamiento cognitivo (procesos valorativos), cambios fisiológicos (activación), patrones expresivos y de comunicación (expresión emocional) que tiene unos efectos motivadores (movilización para la acción) y una finalidad, que es la adaptación a un entorno en continuo cambio.


En general las emociones tienen una función adaptativa, comunicativa y motivacional que favorece el desempeño a todos los niveles, independientemente de la valencia afectiva de las emociones. Tanto las emociones de afecto positivo como negativo son beneficiosas para el desarrollo del ser humano.

Las personas somos capaces de escuchar a nuestras propias emociones, pero además somos capaces de modificarlas a través del pensamiento consciente, convirtiéndolas en emociones constructivas.

A través del funcionamiento de la mente las personas somos capaces de interpretar y responder ante los estímulos de muy diferentes maneras que nos permiten determinar las emociones predominantes ante los diferentes estímulos con los que nos encontramos en la vida, independientemente de la naturaleza objetiva de estos.

mente y cuerpo más conectados

Esta capacidad de los sujetos no sólo manifiesta efectos positivos sobre nuestra salud mental, determinando nuestro nivel de bienestar subjetivo, sino también sobre nuestra salud física, debido al efecto de las diferentes bioquímicas de las emociones sobre nuestro organismo.

Todas las emociones presentan unos correlatos fisiológicos determinados y propios, que influyen directamente sobre nuestro cuerpo, llegando incluso a incidir sobre nuestro sistema inmunológico.

El ser humano tiene la capacidad de determinar y escoger como se siente, a través de una adecuada gestión emocional, y consecuentemente las bioquímicas que activa en su organismo.

Cada emoción tiene una bioquímica determinada asociada, que puede potenciar o destruir nuestro organismo, especialmente a través del sistema inmunológico.

La vida inevitablemente hace que nos enfrentemos a situaciones adversas, pero somos nosotros quienes debemos de decidir si enfrentarnos con valentía y entusiasmo a dichas realidades, o por si lo contrario tomamos una actitud pasiva y de resignación. En función de si optamos por lo primero o por lo segundo, tendremos mayor o menor tendencia a la enfermedad.

El sistema inmunológico no sólo nos protege de virus y bacterias, sino que también puede destruir las células tumorales antes de que se conviertan en malignas.

Emociones de valencia negativa como el estrés han evidenciado modificaciones bioquímicas en nuestro organismo. La respuesta cerebral del estrés, centrado básicamente en la estructura hipocámpica se relaciona íntimamente con el sistema inmunológico.

La intercomunicación entre el sistema nervioso e inmunológico se realiza a través de los neurotransmisores generados en el cerebro, las hormonas producidas por el sistema endocrino y por células que regulan la respuesta inmune, como las citocinas, que intervienen a su vez sobre el cerebro y la conducta.

El sistema inmunológico y el cerebro se intercomunican a través del sistema endocrino, las sustancias químicas que producen las células inmunes envían sustancias al cerebro, el cual a su vez envía señales para actuar sobre el sistema inmunológico, por lo que estas sustancias químicas influyen sobre el comportamiento y conducta y estas sobre la acción de las sustancias químicas en nuestro organismo.

Las emociones negativas vividas como emociones adversas amenazan la estabilidad molecular, celular y conductual, así como dificultan la tarea homeostática del organismo, propiciando que muestre desajustes en diferentes aspectos, respondiendo a este desajuste con síntomas de enfermedades inmunológicas o mentales. La salud emocional está estrechamente relacionada con la salud física.

Así, por ejemplo, la sobreproducción del cortisol, hormona asociada al estrés, puede causar la hiperactividad o hipoactividad del sistema inmune.

La evidencia científica que pone de manifiesto la relación entre el afecto positivo y salud ó afecto negativo y ausencia de la misma es cada vez mayor.

El afecto positivo incide en el desarrollo y mantenimiento de diversas enfermedades a través del sistema inmunológico, así como a través de las formas de afrontamiento adecuadas.

Si permitimos que las emociones negativas tengan una presencia excesiva en nuestra vida y no las neutralizamos o reconvertimos en positivas, gestionándolas de una manera adecuada, corremos el riesgo de incrementar nuestra probabilidad de padecer enfermedades tanto físicas como mentales, ya que la presencia excesiva de las mismas se correlaciona positivamente con el incremento de la enfermedad, especialmente de las llamadas enfermedades psicosomáticas.

Diferentes estudios han demostrado que las emociones de valencia afectiva negativa las cuales provocan en el sujeto niveles altos de activación fisiológica, si se mantienen predominantes en el sistema emocional del sujetos durante largos periodos de tiempo, pueden derivar en trastornos de salud mental (trastorno depresivo mayor, ansiedad generalizada, ira patológica) o alteraciones físicas (enfermedades cardiovasculares, reumatológicas inmunológicas).

Determinadas emociones de valencia negativa como la tristeza, el estrés, el miedo, tienen un efecto inmunodepresor en nuestro organismo, provocando que la vulnerabilidad del sujeto a los virus incremente considerablemente.

Siendo conscientes de la importancia de la presencia de las emociones positivas como emociones predominantes en nuestro afrontamiento de vida y su relación tanto con la salud física como mental, deberíamos esforzarnos por llevar a cabo comportamientos que favorezcan un afecto positivo y por lo tanto incidan positivamente en nuestra salud.

Algunos consejos para transferir afecto positivo a la vida, y por lo tanto vivir en emoción positiva, son:

  1. Emplea palabras con connotación positiva en tu vocabulario. No se trata de negar lo negativo, que existe y es necesario ser consciente de ello, sino de verlo desde el prisma de la positividad, siempre con enfoque positivo.
  2. Relativiza tus preocupaciones. Algo es realmente importante si aunque imagines una situación muy negativa en tu vida, el problema que te preocupaba sigue existiendo. Si ante un problema mayor ese deja de existir, entonces realmente no era un gran problema, sólo una piedra en el camino.
  3. Que la sonrisa sea tu mejor carta de presentación. Activa el sistema de la alegría.
  4. Dedícate un poco de tiempo cada día. Vive para disfrutar, no sólo disfrutes viviendo. Que los “me apetece hacer” convivan con los “tengo que hacer”.
  5. Vive conscientemente. Que tu vida no sea un paseo programado, decide y disfruta la ruta.
Ángeles Amor

Ángeles Amor
Psicologa y
Coach
angelesamorpsicologa.es

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