La raíz de la felicidad

La raíz de la felicidad

Quienes nos dedicamos al periodismo “columnario”- palabro que me acabo de inventar- creemos que depositamos y enterramos nuestros pensamientos en sendas urnas que los preservan para que sean recordados de vez en vez, y así influenciar a que nuestro apellido esté ahí. Una solemne tontería, me digo.

Basta que desaparezcas unos días, para que tu recuerdo se vaya diluyendo y apenas quede algún rescoldo de alguien que te recuerda por varias razones, y a lo mejor no es precisamente por escribir, puede ser porque se reía mucho contigo cuando tomabas café, o quien sabe porqué.

La realidad es que esas urnas virtuales no guardan nada, porque lo cierto es que nuestras palabras escritas, cuando alguien las lee, se funden pronto con otras y esa acumulación se desvanece por la propia realidad de los hechos que, muchas veces, son opuestos o diferentes en grado superior a aquellos que hemos volcado en su día, creyendo haber “descubierto América”.

Se dice que somos notarios de la realidad, pero siempre, cuando oigo alguna de esas frases, me acuerdo de los atestados de la Guardia Civil o de la Policía Nacional cuando abren diligencias y dicen así, por poner un ejemplo:
Siendo las cinco de la tarde se presenta en esta comisaria o comandancia, según el cuerpo, el que dice llamarse “fulano de tal…” que manifiesta…” y ahí sigue el relato de quien se ha presentado, o es recogido en el sitio de los hechos.
La cuestión que me hace pensar es sobre la verdad de los acontecimientos y me asombra sobremanera la ligereza que exhibimos cuando de opinar se trata.
Cuando oyes los argumentos a favor o en contra de alguna situación por ejemplo lo de la guerra actual entre Rusia y Ucrania, o la evolución de los precios de la luz a partir del precio base del gas, o las actuaciones que conviene con el cambio climático, me pregunto: ¿Estaba usted allí, al pie del cañón oyendo de primera mano, cual Pegasus cualquiera, lo que se trama en materia de estrategia o de futuros planes del Sr. Putin tras el desfile del pasado 9 de mayo?
¿Es usted un experto en cogeneración de energía?
Con este panorama que describo es obvio que se acabarían las tertulias y las audiencias dejarían un vacío en la cuenta de resultados del medio
En general quien relata, es como quién escribe: se trata de su versión. De su verdad que parece objetiva cuando la cuenta.
Por esas razones he tenido la suerte de haber sido admitido como columnista que partiendo de una información enhebra su versión de los hechos.
¿Qué es mejor entonces?
¿Por qué ha titulado usted esta columna con lo de “la raíz de la felicidad?
Muy sencillo. Tras la reflexión anterior acerca de la temporalidad y certeza de lo que uno dice, me pregunto sobre la necesidad de querer saberlo todo.
¿Es más feliz quien ignora?
Quizás, se dice, que no conociendo no se echa de menos nada y la frustración un peldaño de la infelicidad no aparece. En realidad, no lo sé. En todo caso me remito a lo que he leído hace unas horas del profesor y psiquiatra en activo D. Enrique Rojas que define a la felicidad como un bien que se obtiene a partir de tener una buena salud y una mala memoria.
Otros opinan que sin deseo, ni frustraciones el progreso del hombre se habría estancado. ¡Uff! Muy denso para mí.
¿Entonces qué hacer?
Seguir en mi caso procurando leer con gafas de crítico las informaciones, elegir una, comentarla y darle a usted mi opinión y sí eso le satisface me alegraré; en el caso de que no fuera así, lo que es probable, lo digo por los avisos que recibo de algún@s lectores, quizás le ayude a pensar y encontrar los argumentos en contra que le servirían para afianzarse en su postura, sea la que sea.
Sepan ustedes que voy a reconsiderar al psiquiatra el Sr. Rojas y a procurar por mi salud y ver como mejoro de las piernas, de la próstata y a ejercer el noble ejercicio de olvidar.
Después de todo puede que tenga razón D. Enrique y entonces crezca en mi un cierto anarquismo virtual y de esa siembra surja la felicidad que todos buscamos.
Finalmente, alguien más popular que yo y conocedor de nuestro pueblo puede decir: Bienvenido al menifotismo. Yo qué sé. Un saludo afectuoso.

Carlos Pajuelo de Arcos

Periodista y escritor. Profesor Emérito de Universidad

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