Sobre boticas prodigiosas, las del Preste Juan y de Hama

Sobre boticas prodigiosas, las del Preste Juan y de Hama

Álvaro Cunqueiro (1911-1981) fue un excelente periodista y narrador, capaz de generar una obra con un sello personal, en la que mezcló con acierto la realidad cotidiana, sobre todo gallega, con sugerentes elementos imaginarios. Hijo de un farmacéutico con oficina en la villa natal del escritor, Mondoñedo, vivió la incesante actividad de la botica, que en aquel tiempo incluía la elaboración de numerosos medicamentos. Con el recuerdo cariñoso de esa experiencia se animó a publicar en 1976 (Ediciones Destino), la Tertulia de boticas prodigiosas. Un libro que nos lleva de su mano por diversas oficinas de farmacia de muchos países, mostrando un mundo que el propio autor definió como “a la vez cierto y fantástico”.

El libro Tertulia de boticas prodigiosas muestra un mundo «a la vez cierto y fantástico».


Cirugía de sombras

En la entrega de hoy me detendré en dos de esas boticas prodigiosas. La primera es la del Preste Juan de las Indias, un personaje legendario que alcanzó mucha fama en la Edad Media. Lo de preste hace alusión a su condición religiosa, pues es un apócope de presbítero; en cuanto al país que gobernó, no se localizaba con precisión, si bien se situaba en el Lejano Oriente. El Preste Juan fue muy exaltado como un adelantado cristiano en tierras de “infieles”. No debemos de perder de vista lo paradójico que debía resultar para el cristianismo que esa religión, considerada por sus practicantes como la verdadera, no fuera percibida como tal por una parte notable de la humanidad.

Sigamos con la historia. Cuando en el siglo XV los portugueses, en su exploración africana, llegaron al reino cristiano de Etiopia pensaron que ese podía haber sido el país del preste. También realizaron una sorprendente observación, muy relevante para el tema que tratamos: algunas de las sombras de gente rica del lugar presentaban unas curiosas y llamativas líneas doradas. Preguntaron por la razón de ellas y la explicación que recibieron les remitió a la botica del Preste Juan. En ella, les contaron, se prestara especial atención a la piedra filosofal, la imaginaria sustancia que pretendía transformar metales normales en oro y/o plata. Al parecer, en la búsqueda de esa piedra maravillosa por alquímicos coptos (cristianos egipcios) a sueldo del preste, estos descubrieron la posibilidad de retener la sombra de determinados objetos, de animales y aun de personas.

El hallazgo abría una extraordinaria vía curativa. Razonaron que cuando una persona enfermara y precisara de una intervención quirúrgica, la sombra, que – suponían – tendría la misma enfermedad y en el mismo sitio, podría ser operada con gran libertad para el cirujano y curar, así, el cuerpo. Al usar como elemento de sutura de las operaciones el hilo de oro se generaban aquellas curiosas imágenes de líneas relucientes en las sombras de los intervenidos. Como vemos, aquellos coptos encontraran una estupenda, y fantástica, solución al problema que durante mucho tiempo limitó el avance de la cirugía, pues al operar al enfermo había que enfrentar el dolor, la pérdida de sangre y la infección, cuestiones que la medicina no resolvió hasta la segunda parte del siglo XIX y que obligaba a intervenciones muy rápidas e inseguras. En fin, si los coptos tuvieran razón, una vez más podríamos comprobar que los caminos del progreso son diversos y complicados.

Columpiándose como terapia

Cunqueiro nos llevó también a la Botica de Hama la melodiosa, llamada así por la música de las fuentes de los patios de las casas adyacentes. Hama es un importante población en el centro de Siria, escenario de violentos enfrentamientos en 1982, saldados con una masacre ejecutada por el ejército sirio. Al parecer, la botica era famosa por un singular invento de un método terapéutico para catarros, enfermedades del pecho y vértigos. Se colocaba al enfermo en un columpio y columpiándolo sobre diversas superficies, según cual fuera su dolencia, se obtenía la curación. Incluso funcionaba de forma preventiva, varios viajeros que debían emprender travesías marítimas acudían antes al columpio de Hama y evitaban así los molestos mareos.

El escritor mindoninse nos dice que una de las personas que usó de los servicios de tan peculiar terapia fue, ni más ni menos, que la famosa lady Hester Lucy Stanhope (1776-1839), llamada la Reina blanca de Palmira. Miembro de la elite inglesa, era sobrina del ministro William Pitt (el Joven), al que estuvo muy próxima. A la muerte del político inició un valiente viaje por Oriente, llegando a ser la primera europea que llegó a Palmira (1813).

El viaje anual de Lady Stanhope a A Coruña

La viajera Lady Stanhope mantiene una singular relación con A Coruña, debido a la relación sentimental que se le atribuye con John Moore. Este militar vino a la Península Ibérica al mando del ejército expedicionario británico que, integrado por 30.000 soldados, acudió en la segunda parte de 1808 para luchar contra las tropas de Napoleón.

La operación fue un fracaso y Moore decidió salvar lo posible de su contingente armado, por lo que se dirigió a Galicia para realizar un embarque. La retirada acabó en A Coruña el 11 de enero de 1809 pero antes de subir a los buques tuvo lugar, el día 16, la batalla de Elviña. En ella murió Moore, quien fue enterrado en la ciudad, donde permanece su sepulcro en el bonito jardín de San Carlos. No es la única relación de Hester Lucy Stanhope con la ciudad herculina, un hermano murió en la batalla de Elviña y un británico residente en Coruña, Mark Guscin, publicó el manuscrito inédito del amigo y médico de la viajera, Charles Lewis Meryon, las Memorias adicionales de Lady Hester Stanhope.

Cunqueiro recoge la leyenda basada en un texto que Manuel Murguía escribió en 1860 por la que se afirma que en la mañana del 16 de enero de cada año el fantasma de lady Stanhope acude, en forma de neblina, a visitar la su tumba de su amado. También habla del cuidado de los coruñeses en esa fecha para no pisar el césped por donde circula la bruma, para evitar molestar a la ilustre exploradora. No he podido comprobar que en vida lady Stanhope viajara desde Siria, creo que no salió de allí desde su traslado en 1810. Si eso fuera así, quizás la terapia en el columpio de Hama estaría relacionada con las visitas anuales de su fantasma al jardín de San Carlos. Al fin y al cabo, supongo, los fantasmas también se pueden marear.

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Xosé A. Fraga

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